comer es más que comer

Creo que la comida, más allá de nutrirnos y mantenernos vivos, cumple un acto social y cultural, nos conecta, nos hace sentir, nos emociona, nos hace recordar y pensar.

La comida es una pieza fundamental en la labor de rescatar y restaurar las estructuras sociales que hemos olvidado en las últimas décadas; la comida reúne y la comida trae consigo valores centrales para una vida en comunidad como el compartir, la re-apropiación y re-invención de tradiciones, rituales y costumbres locales, la reciprocidad, la generación de sistemas económicos con capacidad de valorar e impactar positivamente la mano de obra, como también de hacer lo contrario, la comida tiene la capacidad de crear nuevas costumbres, hábitos y nuevas comunidades de aprendizaje, así como de igual manera puede fortalecer los deberes cívicos necesarios para lograr sociedades funcionales. En un mundo de tantas divisiones, la comida es capaz de unificarnos, de hacernos sentir parte del todo, nos une con los demás seres humanos de forma vital, elemental y básica. En resumen, prestarle la merecida atención a la comida tiene el potencial de celebrar, honrar y resaltar nuestra humanidad.

Aunque comer sea algo que todos los seres vivos hacemos de una u otra manera, creo que los únicos que hemos desarrollado una mala relación con la comida y los únicos que desbalanceamos tanto el sistema, somos nosotros, los seres humanos.

Mariana Matija escribió hace poco algo que me encantó, digamos que no es nada raro, simplemente nunca lo había puesto en estas palabras, las cuales me parecieron demasiado claras para transmitir el mensaje; ella decía que no todos los humanos tenemos carro, no todos compramos ropa, no todos viajamos, pero sí todos comemos y sí somos lo suficientemente afortunados, lo hacemos no solo una, sino varias veces al día. Es decir, comer es algo que hacemos mucho y aún así no solemos parar un segundo a pensar en todo el impacto que esto tiene.

Esta es una invitación a mirar el impacto que la comida realmente tiene en nuestras vidas.

Los ecosistemas por sí solos tienen la capacidad de equilibrarse, siempre y cuando se les permita hacerlo. Nosotros, los humanos, somos los únicos que habiendo alcanzado la capacidad de producción alimenticia tan gigante que tenemos hoy en día, seguimos viendo a miles de personas morir por hambre. Esto en la naturaleza no pasaría normalmente.

Es cierto que nunca antes había habido tantos humanos en el planeta, pero también es cierto que hoy tenemos la capacidad de alimentarnos a todos.

¿Entonces cómo es que teniendo esa capacidad, nos estamos dejando morir de hambre?

Esto sucede porque no hay un aprovechamiento balanceado de los recursos naturales. Porque preferimos usar muchos de estos recursos para la ganadería extensiva, la pesca, la avicultura, la producción de comida altamente procesada y refinada, los monocultivos* llenos de pesticidas y agroquímicos que deterioran la calidad de los suelos, en lugar de priorizar los recursos que tenemos disponibles, de una manera responsable, para producir comida fresca, cercana al origen y alimentos que usen más eficientemente los recursos, para que de esa manera podamos distribuirlos más equitativamente.

Digo alimentos que usen más eficientemente los recursos, porque hay alimentos que necesitan demasiado para crearse mientras que otros no tanto. Por ejemplo, un kg carne necesita 15.000 lt de agua para producirse, pero un kg de manzanas solo necesita 0,8 lt de agua. Y así hay miles de comparativos. El punto es que los podríamos aprovechar mejor y más cuando no son renovables, como el agua. Y no es solo el agua, es la cantidad de tierra que se requiere, son las emisiones de carbono o metano, es la huella ambiental del transporte, son los empaques y los medios de distribución, entre muchos otros.

Comer entonces tiene un impacto ambiental muy claro, pero también político, económico, social y cultural.

Históricamente se han desatado hasta guerras por comida, y aún así, siendo tan importante este tema, dejamos esto en manos de otros. Tan es así que muchas de las legislaciones y políticas públicas que existen al respecto, desde políticas sobre soberanía alimentaria hasta algo tan básico como la prohibición de sustancias tóxicas en los alimentos, están manipuladas por multinacionales cuyas utilidades están en juego. Cómo en muchos otros aspectos, los intereses y el dinero que hay de por medio, son impresionantes, pero con cada decisión que tomamos sobre lo que comemos, tenemos la capacidad de votar, de votar con cada peso.

Lo social y cultural, no necesita mucha explicación, no es de gratis que en las celebraciones haya comida, no es de gratis que al comer algo típico de nuestra región nos acordemos a los sabores de infancia, recordemos a quienes nos alimentaban cuando éramos pequeños, tengamos esa sensación que tiene quien llega casa, de quien comparte una cena con los amigos o la familia (en estos casos la comida no llena solo la barriga, sino que llena también el corazón), la comida hasta hace parte de diferentes ritos religiosos. La comida nos permite conocer lugares, entender los territorios ajenos cuando somos turistas, sus costumbres y maneras, la comida nos permite transportarnos, la comida nos permite ser creativos, experimentar y jugar, la comida, siendo tan menospreciada algunas veces, genera tanto; la comida en si misma, la forma en que la producimos, recolectamos, preparamos y comemos está directamente relacionada con las características del lugar en que vivimos, con nuestras creencias y con el resto de nuestros hábitos y estilos de vida.

Aquí también hay que resaltar que lamentablemente mucha de la comida que se produce no se hace en condiciones dignas, no siempre hay salarios y jornadas laborales justas, no siempre son adultos mayores de edad quienes la producen, no siempre hay equidad de género en toda la cadena de producción (estos aspectos sociales pasan en todas las industrias, pero no por eso hay que olvidarlos en la alimenticia).

Para todo lo que acabo de mencionar, creo que lo que hay es material e información suficiente para profundizar, pero poco a poco; he aprendido que abrumarse con toda la información que hay, es demasiado fácil, pero digerirla e implementarla no tanto, así que de a poquitos nos vamos yendo.

Igualmente, en cuanto a lo que arriba mencioné sobre que somos los únicos que hemos desarrollado una mala relación con la comida; lo que hay por hablar al respecto es mucho, pero creo que vale la pena empezar a preguntarnos ¿sí hemos visto alguna zebra, o de pronto un pingüino, tal vez un mico, o quizás un gato a dieta? ¿Cierto que no? Esto tampoco pasa en la naturaleza. ¿En qué momento nos inventamos tantas reglas para comer? ¿En qué momento se nos ocurrió que lo externo es más importante que esa vocecita que tenemos dentro que siempre escoge bien (alias nuestra intuición)? ¿Por qué siempre buscamos evitar sentir distrayendo las emociones con comida?

En fin, comer es más que comer, y aunque para mi ya sea tan claro, antes no lo era, lo hacía por hábito, por costumbre, sin intención ni intuición. Descubrir esto ha sido un proceso que no ha terminado y creo que no va a terminar porque siempre hay mucho más por aprender y explorar. Hasta el momento me ha cambiado la forma de pensar y actuar en muchos sentidos, me ha permitido vivir como mejor me siento, vivir más alineada con lo que sí resuena con lo que yo soy, me ha permitido hacer planes y crear cosas que antes no me hubiera imaginado. Comprender que comer es más que comer, fue como hacer un click que unió muchas partes de mi que antes sentía que no estaban del todo conectadas y ahora les veo todo el sentido.

Gracias por leer,
Juli

*Los monocultivos son sistemas de producción agrícola que consisten en dedicar toda la tierra disponible al cultivo de una sola especie vegetal. Esto no es muy bueno que digamos para el suelo, porque al suelo le gusta la diversidad, mientras más variado, mejor.
¿Cuando has visto un bosque, una selva, un valle, cualquier ecosistema en el que puedas pensar, que conste de un solo tipo de árbol, por ejemplo? Nunca, ¿verdad? Esto es porque la naturaleza es diversa y naturalmente siempre va a haber unas especies totalmente distintas al lado de las otras, coexistiendo y ayudándose, pero al nosotros quererla manipular a nuestro antojo, la afectamos, no la dejamos ser.

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