coherencia: un medio, más no un fin

Comienza con un interés, seguido por la generación de una inquietud en el sentido más literal de la palabra; es como que repentinamente la quietud se vuelve tan esporádica porque a cada instante resuena esto que cuando escuchaste, viste o leíste por primera vez, era un simple interés.

Sientes que te talla, que te hace ruido, que no desaprovecha oportunidad para aparecer y cuestionarte, hasta que llega el momento en que ya no tienes capacidad alguna para seguir ignorándolo, debes actuar de alguna u otra forma.

Tomar la decisión de actuar es solo el inicio, por el que se debe empezar, claro está, sin embargo el camino que le sucede es toda una aventura tanto interior, cómo exterior.

¿Por dónde empezar? ¿Cómo empezar? ¿Cuáles son las acciones más eficientes? ¿Qué resuena conmigo? ¿Qué es verdaderamente coherente y correcto?

Son apenas algunas pocas preguntas de las miles qué afloran en esta etapa (de igual forma, increíblemente valiosas).

Pueden surgir tantas preguntas cómo partículas de agua hay en el mar, tantas que abruman y confunden, tantas que pueden dejarte paralizado ante la incertidumbre. Sin embargo este es el momento clave para poner en marcha y despertar todas estas incomodidades que se hicieron conscientes tras el interés original.

Apegarte a esas incomodidades con el objetivo de impulsarte lo suficientemente fuerte, justamente para no dejarte paralizar. Cuestionarte, si; todas las veces que sea necesario, parar y tomar perspectiva; claro, reconsiderar posturas; más que bienvenido, cambiar de opinión; totalmente válido, pero nunca, jamás de los jamases, quedarte paralizado.

Es más fácil de lo que se puede llegar a concebir el quedarte quieto por empezar a dudar, por querer tener todo perfecto, por tener tan arraigada una mentalidad de todo o nada, sobretodo cuando la palabra coherencia empieza a hacer tanto eco, ya que comúnmente esta trae consigo implícitamente una carga de corrección (es decir, es un hacer correcto o incorrecto), lo que termina siendo un enfoque sin puntos medios. Sin embargo, basta con observar la naturaleza para entender que la vida está verdaderamente compuesta de matices, que pretender solo blancos y negros nos priva de un sinnúmero de posibilidades, nos aleja de la diversidad innata a nuestra existencia.

Haz lo mejor que puedas hasta que sepas mejor. Luego, cuando sepas mejor, haz mejor.
- Maya Angelou.

Acercarnos a la noción de coherencia como la finalidad en la vida y no como una de las principales herramientas que hace parte de nuestro equipo de trabajo, como ese instrumento al cuál recurrir para ajustar nuestro actuar, pensar y hablar según vamos viviendo, puede ser increíblemente tormentoso ya que estaríamos buscando llegar a un destino ilusorio, irreal, inalcanzable.

Lo que he llegado a concluir es que vivir coherentemente, no es la meta, es el cómo; conocerme y conocer mi entorno me permite saber qué concuerda más y mejor con lo que me hace sentir alineada. No obstante, pretender una vida 100% coherente, según yo, en este punto de mi vida y de acuerdo a mis vivencias, simplemente no es posible, es derrochar energía en buscar una perfección inalcanzable para nuestra perfecta imperfección como humanos.

A pesar de que considere que tal coherencia sin cabida para imperfecciones no es viable, sí considero firmemente que debemos consultarla siempre, escucharla, invitarla a cada una de nuestras decisiones, reflexionar debidamente las consecuencias, no quedarnos cómodos simplemente aceptando que si lo perfecto no es posible, entonces es nada.

Comencé sintiéndome perdida, queriendo inmediatez y perfección. Ahora considero que es en el proceso, que es en el día a día, que es en el medio y no en el fin, que se vive coherentemente.

¡Gracias por leer!
Juli.